| Plan de Trabajo
Temas
Su Santidad Juan Pablo II
Su Testamento

Su Santidad Juan Pablo II
- Karol Wojtyla, 1920 - 2005
- Fuente: www.aciprensa.com
 |
VATICANO, 07 Abr. 05.-
El testamento del Papa Juan Pablo II nos habla de un Pontífice
que amaba profundamente a Dios y que le estuvo siempre muy
agradecido, que amaba intensamente a su Madre, la Virgen
María; que sufría por el mal en el mundo,
que amaba hondamente a todos sus hermanos, hombres y mujeres;
y que siempre se mantuvo fiel en el cumplimiento del Plan
de Dios. A continuación, reproducimos el resumen
de la traducción al español del testamento
del Santo Padre entregado por la Oficina de Prensa del Vaticano.
6.3.1979
Totus Tuus ego sum
En el Nombre de la Santísima Trinidad. Amén.
"Velad porque no sabéis en qué día
vendrá vuestro Señor" (cf.Mt 24, 42),
estas palabras me recuerdan la última llamada, que
vendrá en el momento que quiera el Señor.
Quiero seguirle y deseo que todo lo que forma parte de mi
vida terrenal me prepare para este momento. No sé
cuando llegará, pero como todo, también deposito
este momento en las manos de la Madre de mi Maestro: Totus
Tuus. En sus manos maternas lo dejo todo y a todos aquellos
con quienes me ha ligado mi vida y mi vocación. En
esas manos dejo sobre todo a la Iglesia y también
a mi nación y a toda la humanidad. A todos doy las
gracias. A todos pido perdón. Pido también
oraciones para que la misericordia de Dios se muestre más
grande que mi debilidad y mi indignidad.
Durante los ejercicios espirituales he releído el
testamento del Santo Padre Pablo VI. Su lectura me ha llevado
a escribir el presente testamento.
No dejo tras de mí propiedad alguna de la que sea
necesario disponer. En cuanto a las cosas de uso cotidiano
que me servían, pido que se distribuyan como se considere
oportuno. Que se quemen mis apuntes personales. Pido que
se encargue de todo esto don Stanislao a quien doy las gracias
por la gran colaboración y la ayuda prolongadas en
estos años. Todos los demás agradecimientos,
en cambio, los dejo en el corazón ante Dios mismo,
porque es difícil expresarlos.
En lo que se concierne al funeral, repito las mismas disposiciones
que dio el Santo Padre Pablo VI (nota al margen: la sepultura
en la tierra, no en un sarcófago, 13.3.92)
"apud Dominum misericordia et copiosa apud Eum redemptio"
Juan Pablo II
Roma, 6. III. 1979
Después de la muerte pido Santas Misas y oraciones
5.III.90
********
Folio sin fecha:
Expreso mi más profunda confianza en que, a pesar
de toda mi debilidad, el Señor me conceda todas las
gracias necesarias para hacer frente según Su voluntad
a cualquier tarea, prueba o sufrimiento que quiera pedir
a su siervo en el curso de la vida. También tengo
confianza en que no permitirá jamás que, mediante
cualquier actitud mía: palabras, obras u omisiones,
traicione mis obligaciones en esta Santa Sede Petrina.
********
24.II-1.III.1980
También durante estos ejercicios espirituales he
reflexionado sobre la verdad del sacerdocio de Cristo en
la perspectiva de aquel tránsito que para cada uno
de nosotros es el momento de la propia muerte. Del adiós
a este mundo para nacer a otro, al mundo futuro, signo elocuente
(escrito encima: decisivo) es para nosotros la Resurrección
de Cristo.
He leído por tanto mi testamento del último
año, lectura efectuada también durante los
ejercicios espirituales, la he comparado con el testamento
de mi gran predecesor y padre Pablo VI, con ese testimonio
sublime de la muerte de un cristiano y de un Papa y he renovado
en mí la conciencia de las cuestiones a las que se
refiere el registro del 6.III.1979 que yo había preparado
–de forma bastante provisional.
Hoy sólo quiero añadir esto, que cada uno
debe tener presente la perspectiva de la propia muerte.
Y debe estar preparado para presentarse frente al Señor
y Juez y, al mismo tiempo frente al Redentor y al Padre.
Así, yo también lo tengo continuamente en
consideración, confiando ese momento decisivo a la
Madre de Cristo y de la Iglesia, a la Madre de mi esperanza.
Los tiempos que vivimos son indeciblemente difíciles
e inquietos. También el camino de la Iglesia se ha
vuelto difícil y tenso, tanto para los fieles como
para los pastores, prueba característica de estos
tiempos. En algunos países –como por ejemplo
en aquel del cual he leído en los ejercicios espirituales–
la Iglesia se encuentra en un periodo de persecución
tal que no es inferior a la de los primeros siglos, al contrario,
incluso los supera por el grado de impiedad y odio. Sanguis
martyrum - semen christianorum. Y además esto: muchas
personas inocentes desaparecen también en este país
en que vivimos...
Deseo una vez más confiarme totalmente a la gracia
del Señor. Él mismo decidirá cuándo
y cómo tengo que terminar mi vida terrena y mi ministerio
pastoral. En la vida y en la muerte Totus Tuus con la Inmaculada.
Aceptando ya desde ahora esta muerte, espero que Cristo
me conceda la gracia para el último pasaje, es decir
la Pascua, (la mía). También espero que haga
que sea yo útil para esta causa tan importante a
la que intento servir: la salvación de la humanidad,
la salvaguarda de la familia humana, y con ella de todas
las naciones y todos los pueblos, –entre ellos también
me dirijo de forma particular a mi Patria terrena–
útil para las personas que de modo particular me
ha confiado, para velar por la Iglesia, para la gloria de
Dios.
No quiero añadir nada a lo que escribí hace
un año, sólo manifestar esta disposición
y también esta confianza a las que nuevamente me
han dispuesto los ejercicios espirituales.
Juan Pablo II
Totus Tuus ego sum
5.III.1982
En el curso de los ejercicios espirituales de este año
he leído (varias veces) el texto del testamento del
6.III.1979. A pesar de que todavía lo considero provisional
(no definitivo) lo dejo como existe. No cambio nada (por
ahora) y tampoco agrego, en lo que se refiere a las disposiciones
que contiene.
El atentado contra mi vida el 13.V.1981 confirmó,
de alguna forma la exactitud de las palabras escritas en
el periodo de los ejercicios espirituales de 1980 ( 24.II-
1.III).
Cuanto más profundamente siento que me encuentro
totalmente en Manos de Dios, permanezco continuamente a
disposición de mi Señor, confiándome
a Él en su Madre Inmaculada (Totus Tuus).
Juan Pablo II pp. II
********
5.III.82
En lo que respecta a la última frase de mi testamento
del 6.III.79: "Sobre el lugar del funeral decida el
Colegio Cardenalicio y los compatriotas. Aclaro que pienso
en: el metropolitano de Cracovia o el Consejo General del
Episcopado de Polonia. Pido por tanto al Colegio Cardenalicio
que satisfaga en la medida de lo posible las eventuales
peticiones de los más anteriormente citados.
********
1.III.1985 (en el curso de los ejercicios espirituales).
De nuevo –en lo referente a la expresión "Colegio
Cardenalicio y los Compatriotas–: el "Colegio
Cardenalicio" no tiene obligación alguna de
interpelar sobre este argumento a " los Compatriotas":
sin embargo, puede hacerlo, si por alguna razón lo
considerase justo.
JPII
Los ejercicios espirituales del año jubilar del 2000
(12-18.III)
(para el testamento)
1. Cuando el día 16 de febrero de 1978 el cónclave
de los cardenales eligió a Juan Pablo II, el primado
de Polonia, Cardenal Stefan Wyszynsk, me dijo: "La
tarea del nuevo Papa será introducir a la Iglesia
en el Tercer Milenio". No sé si repito exactamente
la frase, pero al menos ese era el sentido de lo que sentí
entonces. Lo dijo el hombre que ha pasado a la historia
como Primado del Milenio. Un gran primado. He sido testigo
de su misión, de su entrega total. De sus luchas:
de su victoria. "La victoria, cuando llegue, será
una victoria a través de María". Estas
palabras de su predecesor, el Cardenal August Hlond, las
solía repetir el Primado del Milenio.
De este modo, me he preparado para la tarea que el día
16 de octubre de 1978 se presentó ante mí.
En el momento en que escribo estas palabras, el Año
Jubilar del 2000 ya es una realidad. La noche del 24 de
diciembre de 1999 se abrió la Puerta Santa del Gran
Jubileo en la Basílica de San Pedro, después
la de San Juan de Letrán, la de Santa María
la Mayor, en año nuevo y el día 19 de enero
la puerta de la Basílica de San Pablo de Extramuros.
Este último acto, dado su carácter ecuménico,
ha quedado grabado en mi memoria de modo particular.
2. A medida que pasa el Año Jubilar del 2000, un
día tras otro, se cierra tras nosotros el siglo XX
y se abre el siglo XXI. Según los designios de la
Providencia se me ha concedido vivir en el difícil
siglo que se está acabando, que empieza a pertenecer
al pasado y ahora, en el año en que alcanzo los 80
años de vida ('octogesima adveniens'), es necesario
preguntarse si no es tiempo de repetir con el bíblico
Simeón: 'Nunc dimittis'.
El día 13 de mayo de 1981, el día del atentado
al Papa durante la audiencia general en la Plaza San Pedro,
la Divina Providencia me salvó milagrosamente de
la muerte. Aquel que es único Señor de la
vida y de la muerte, Él mismo me ha prolongado esta
vida, en un cierto modo me la ha vuelto a dar. Desde aquel
momento pertenece aún más a Él. Espero
que Él me ayudará a reconocer hasta cuando
debo continuar este servicio, al que me llamó el
día 16 de octubre de 1978. Le pido que me llame cuando
quiera. "Pues si vivimos, vivimos para el Señor;
y si morimos, morimos para el Señor" (cf. Rm
14, 8). Espero que hasta que pueda realizar el servicio
petrino en la Iglesia, la Misericordia de Dios me obtenga
las fuerzas necesarias para ello.
3. Como todos los años, durante los ejercicios espirituales
he leído mi testamento del 6.III.1979. Sigo manteniendo
las disposiciones contenidas en él. Lo que entonces
y durante los sucesivos ejercicios espirituales he añadido
es un reflejo de la difícil y tensa situación
general, que ha marcado los años ochenta. Desde el
otoño de 1989 esta situación ha cambiado.
El último decenio del siglo pasado ha estado libre
de las tensiones anteriores; esto no significa que no hayan
surgido nuevos problemas y dificultades. De modo particular,
sea alabada la Divina Providencia por ello, el periodo de
la llamada "guerra fría" terminó
sin el violento conflicto nuclear que pesaba sobre el mundo
en el periodo precedente.
4. Al encontrarme en el umbral del tercer milenio "in
medio Ecclesiae", deseo expresar una vez más
gratitud al Espíritu Santo por el gran don del Concilio
Vaticano II, –del que junto a la Iglesia entera y
todo el episcopado– me siento deudor. Estoy convencido
de que las nuevas generaciones podrán servirse todavía
durante mucho tiempo de las riquezas proporcionadas por
este Concilio del siglo XX. Como obispo que ha participado
en el evento conciliar desde el primer hasta el último
día, deseo confiar este gran patrimonio a todos aquellos
que son y serán llamados a ponerlo en práctica
en el futuro. Por mi parte, doy gracias al Pastor Eterno
que me ha permitido servir a esta grandísima causa
en el curso de todos los años de mi pontificado.
"In medio Ecclesiae"... desde los primeros años
de servicio episcopal –precisamente gracias al Concilio–
he podido experimentar la comunión fraterna del episcopado.
Como sacerdote de la arquidiócesis de Cracovia ya
conocía la comunión fraterna en el presbiterado-
el Concilio abrió una nueva dimensión de esta
experiencia".
5. ¡Cuántas personas tendría que nombrar
aquí! Probablemente el Señor Dios habrá
llamado a Sí a la mayoría de ellos. En lo
que respecta a los que todavía se encuentran en esta
parte, que las palabras de este testamento les recuerden,
a todos y en todas partes, allí en donde se encuentren.
En el curso de más de veinte años en que presto
el servicio Petrino "in medio Ecclesiae" he experimentado
la bondadosa y muy fecunda colaboración de tantos
cardenales, arzobispos y obispos, de tantos sacerdotes y
personas consagradas –hermanos y hermanas–,
en fin, de tantísimas personas laicas, en la Curia,
en el Vicariato de la diócesis de Roma, y también
fuera de estos ambientes.
¡Cómo no abrazar con grata memoria a todos
los episcopados del mundo, con los cuales me he encontrado
a lo largo de las visitas "ad limina Apostolorum"!
¡Cómo no recordar también a tantos hermanos
cristianos no católicos! !Y al rabino de Roma y a
tantos numerosos representantes de las religiones no cristianas!
!Y cuántos representantes del mundo de la cultura,
de la ciencia, de la política, de los medios de comunicación
social!
6. A medida que se avecina el límite de mi vida terrena
vuelvo con la memoria al principio, a mis padres, al hermano
y la hermana –que no conocí porque murió
antes de que yo naciese–, a la parroquia de Wadowice
donde fui bautizado, a esa ciudad que amo, a mis coetáneos,
compañeras y compañeros de la escuela primaria,
del bachillerato, de la universidad, hasta los tiempos de
la ocupación, cuando trabajé como obrero y
después en la parroquia de Niegowic, en la cracoviana
de San Floriano, en la pastoral de los universitarios, en
aquel ambiente .... en todos los ambientes ... en Cracovia
y en Roma ... en las personas que de forma especial el Señor
me ha confiado.
Quiero decir a todos sólo una cosa: "Que Dios
os recompense".
"In manus Tuas, Domine, commendo spiritum meum"
A.D.
17.III.2000
|